OBSERVARE
Universidade Autónoma de Lisboa
e-ISSN: 1647-7251
VOL12 N1, TD1
Dossiê temático Relações Internacionais e Redes Sociais
Julho 2021
35
PROPAGACIÓN DE LA DESINFORMACIÓN EN REDES SOCIALES COMO
ESTRATEGIA DE DIPLOMACIA: ANÁLISIS DESDE LA DINÁMICA DE SISTEMAS
ALFREDO GUZMÁN RINCÓN
alfredo.guzman@asturias.edu.co
Candidato a titulo de doctor en Modelación de Política y Gestión Pública de la Universidad Jorge
Tadeo Lozano (Colombia). Magister en Ingeniería del Instituto Tecnológico y de Estudios
Superiores de Monterrey e Ingeniero Comercial de la Universidad de Ciencias Aplicadas y
Ambientales U.D.C.A. Director de Investigaciones de la Corporación Universitaria de Asturias y
Coordinador Editorial de Ediciones SUMMA.
BELÉN RODRÍGUEZ-CÁNOVAS
brcanovas@ucm.es
Doctora en Ciencias Económicas y Empresariales por ICADE. Grado en Estadística en la
Universidad Complutense de Madrid (España) y licenciatura en Ciencias Económicas y
Empresariales, ICADE junto a un máster en Minería de Datos e Inteligencia de Negocio en la
Universidad Complutense de Madrid. Es miembro revisor de la revista European Journal of
Marketing.
.
Resumo
La desinformación en redes sociales se ha posicionado como una estrategia de la diplomacia
para intervenir en las decisiones de los estados soberanos por medio del uso de noticias falsas,
contenido engañoso, discursos de odio y falsos deliberados, errores informativos, entre otros,
con el fin de lograr la movilización de sus ciudadanos, y, de esta forma cambiar tanto políticas
públicas y de estado como gobernantes, generar presión social sobre los sistemas
socioeconómicos, etc. Dicho esto, el análisis de esta estrategia en lo que concierne al proceso
de propagación de la desinformación se ha caracterizado por ser parcializado, dado a que
intervienen múltiples actores con niveles de decisión diferente, de ahí, que el objetivo del
presente sea analizar la propagación de la desinformación como estrategia diplomática en las
redes sociales a través del enfoque sistémico. Los resultados dan cuenta de un modelo de
bucles causales de carácter generalista, con el cual se evidencia la forma en cómo se difunde
la desinformación, a partir de los diversos elementos documentados en la literatura sobre esta
estrategia de la diplomacia. Concluyendo el carácter potencial de la desinformación y el rol
que debe tener el Estado y las mismas redes sociales para prevenir y mitigar este fenómeno
que afecta de manera generalizada en la actualidad a las naciones y que se ha popularizado
por el uso de agentes diplomáticos.
Palavras chave
Desinformación; diplomacia; modelo; dinámica de sistemas.
Como citar este artigo
Rincón. Alfredo Guzmán; Rodríguez-Cánovas, Belén. Propagación de la desinformación en
redes sociales como estrategia de diplomacia: análisis desde la dinámica de sistemas.
Janus.net, e-journal of international relations. Dossiê temático Relações Internacionais e
Redes Sociais, VOL12 N1, TD1, Julho de 2021. Consultado [em linha] na data da última
consulta, https://doi.org/10.26619/1647-7251.DT21.3
Artigo recebido em 22 de Dezembro de 2020 e aceite para publicação em 23 de Março
de 2021
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análisis desde la dinámica de sistemas
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PROPAGACIÓN DE LA DESINFORMACIÓN EN REDES SOCIALES
COMO ESTRATEGIA DE DIPLOMACIA:
ANÁLISIS DESDE LA DINÁMICA DE SISTEMAS
ALFREDO GUZMÁN RINCÓN
BELÉN RODRÍGUEZ-CÁNOVAS
Introducción
Las redes sociales han sido conceptualizadas como espacios que permiten la interacción
entre los usuarios en línea, y cuyo propósito principal es facilitar el intercambio de
información y fomentar la discusión colectiva entre un grupo de contactos
interconectados (Forteza, 2012). Dicho esto, en los últimos años este canal se ha vuelto
el mediador más directo de las relaciones entre los gobiernos y los ciudadanos (Jahng,
2021; Lazer et al., 2018), debido a que permite la circulación de información de carácter
masivo, así como el debate sobre la misma (Carlo Bertot et al., 2012). Lo anterior, ha
dado como resultado un nuevo escenario de comunicación bidireccional y que afecta de
manera significativa la forma en como se había llevado el proceso comunicativo entre los
estados y sus partes interesadas (Guzmán et al., 2020).
En este escenario, la diplomacia no ha sido la excepción a los cambios generados de la
implementación de este canal, por lo que por medio de este se ha logrado un contacto
más estrecho entre el agente internacional y el receptor local de la información (Cull,
2019; Graffy, 2009), y, que ha dado como resultado una gran variedad de beneficios
entre los que se destaca, en primer lugar, la creación de comunidades fidelizadas debido
a la aproximación con los ciudadanos extranjeros (Graffy, 2009); en segundo lugar, la
disminución de los costos de comunicación, puesto que suelen ser inferiores a otros
canales tradicionales como la prensa o la televisión (Rashica, 2018); en tercer lugar, el
desarrollo de comunicaciones s efectivas con los ciudadanos debido a la variedad de
contenido que se puede generar en dicha red tales como videos, fotos 3d, imágenes,
publicaciones web, etc. (Gebhard, 2017); entre otros.
Sin embargo, a pesar de los beneficios del uso de estas redes en el contexto de la
diplomacia, algunos estados han hecho uso de este canal de comunicación para propagar
desinformación, entendiendo esta como cualquier información desviada o carente de
verdad que tiene como fin engañar a un público objetivo (Innes, 2020), con la finalidad
de inmiscuirse en decisiones de gobiernos soberanos mediante la influencia de la opinión
de los ciudadanos, para de esta forma cumplir algunos de sus propósitos de política
internacional (Lazer et al, 2018; Cull, 2016).
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Así, en los últimos años el uso de la desinformación como estrategia de la diplomacia en
este canal se ha vuelto más común. Ejemplo de ello fue el caso Lisa Affair, documentado
por La Cour (2020), en el cual se acusó a un grupo de migrantes de medio oriente de la
violación de una mujer de origen germano ruso, mediante un video en redes sociales, lo
que derivó en la ira y debate interno de los ciudadanos alemanes sobre la política de
estado de la inmigración y los refugiados, provocando de esta forma manifestaciones
masivas contra las poblaciones musulmanas en ese país. Sin embargo, esto resultó ser
falso y dirigido desde el gobierno ruso, cuya finalidad era causar disturbios y reducir el
apoyo del gobierno alemán a los migrantes y refugiados de medio oriente.
Otro ejemplo, fue la interferencia rusa en las elecciones de los Estados Unidos de
América, en el año 2016, donde por medio de campañas sistemáticas de desinformación,
se logró influenciar la opinión del electorado de este país, lo que permitió que Donald
Trump ganase la presidencia (Office of the Director of National Intelligence, 2017). De
manera s reciente, y derivado de la COVID-19, se ha acusado a los gobiernos de Rusia
y China de desinformar de manera sistemática sobre esta pandemia. Tal como identificó
Milosevich-Juaristi (2020), en la forma en cómo los medios rusos RT y Sputnik informaron
sobre el origen del virus, afirmando que este se había creado en los laboratorios de la
OTAN, o, que los Estados Unidos lo habían creado para desestabilizar la economía China.
Dicha desinformación buscó generar pánico y confusión para evitar que las personas
pudieran acceder a información veraz sobre el virus y de las disposiciones de salud
pública, lo que pudo redundar en cierta medida en los altos contagios por la enfermedad
en Europa y Estados Unidos.
Tomando como referencia estos ejemplos, y otros cuantos documentados por ltiples
autores (ej.: Fjällhed, 2020; Lanoszka, 2019), en la actualidad el uso de esta estrategia
ha recobrado importancia, más que por el canal o el mismo mensaje, lo ha hecho por su
capacidad de propagación masiva y el impacto que puede generar en la ciudadanía, por
lo que la desinformación como estrategia de la diplomacia se ha vuelto una de las
principales problemáticas de la defensa de los estados (Pamment et al., 2017). De ahí la
importancia de estudiar esta estrategia y sus efectos. Pese a esto las investigaciones
previas se han centrado en la comprensión del uso de dicha estrategia y sus
consecuencias, más que en su propagación (Fjällhed, 2020). Lo anterior, se debe en gran
medida a la dificultad que supone rastrear el origen de este tipo de información, además
de la complejidad de las relaciones entre los actores que intervienen en su difusión.
Dicho esto, el presente artículo tuvo como finalidad analizar la propagación de la
desinformación como estrategia diplomática en las redes sociales, a través de un enfoque
sistémico. Este se estructuró en cuatro secciones. La primera, presenta el marco teórico
y los antecedentes de la problemática de estudio; la segunda, la metodología usada; la
tercera; los resultados de la investigación; y la cuarta, las conclusiones.
Diplomacia
Las acepciones de la diplomacia se han caracterizado por ser amplias y por tener marcos
epistemológicos y metodológicos diversos (Hart y Siniver, 2020), por lo cual se considera
un campo de estudio dinámico, en la que una definición única y multifuncional es inútil,
especialmente en el escenario disruptivo actual en el que las relaciones internacionales
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han pasado de ser un acto privado entre los gobiernos, a ser un acto público, en el que
se involucra la ciudadanía en general.
Dicho esto, el presente artículo enmarca la diplomacia como un proceso sistematizado
en el que los actores internacionales buscan lograr unos objetivos en su política exterior
(Cull, 2019; Cull, 2016), por medio de mecanismos no relacionados con la guerra, sino
que se realizan a través de una serie de actores encargados de gestionar el enfoque
internacional (Cull, 2008). Estos actores pueden ser un Estado, una multinacional,
organización sin ánimo de lucro, o cualquier actor del escenario mundial.
En este contexto, la diplomacia toma dos connotaciones como sostiene Cull (2008). La
primera, refiere a la diplomacia tradicional en el que los agentes tratan de gestionar el
entorno internacional por medio de un compromiso o un pacto puntual con sus
contrapartes, por lo general de carácter privado; y la segunda, que corresponde a la
diplomacia pública en la cual el Estado y actores internacionales gestionan su entorno
mediante el compromiso de la ciudadanía extranjera. Por lo que, en este último tipo de
diplomacia se enmarca el uso de las redes sociales.
Así, la diplomacia pública se ha caracterizado por sus métodos de operación, en los que
se busca influir en la opinión pública mediante la comunicación con el otro. Por lo que, al
respecto, múltiples autores sostienen que en esta los estados se esfuerzan para
promocionar sus intereses en los ciudadanos de otra nación y de esta forma lograr sus
objetivos de política exterior (Pratkanis, 2009; Potter, 2002). Siendo en esta promoción
de intereses en el que este tipo de diplomacia hace uso de los medios de comunicación
masiva, para influenciar a un público mucho más amplio y en el que tiene cabida el uso
de las redes sociales (Pajtinka, 2019).
En este contexto, y como resultado de la evolución de la diplomacia pública, en el siglo
XXI, esta ha presentado una serie de giros, los cuales han permitido la consolidación de
la desinformación en redes sociales como estrategia de la diplomacia. Entre estos giros
se destaca: la democratización de los agentes diplomáticos; los nuevos mecanismos de
comunicación usados en el marco de la diplomacia, destacándose la web y las redes
sociales; la consolidación de la información globalizada; entre otros (Fjällhed, 2020; Cull,
2019; Cull, 2008; Melissen, 2005).
Desinformación como estrategia de la diplomacia
Antes de referirse a la desinformación como estrategia, es necesario realizar diversas
precisiones sobre el concepto de estrategia. Así, en la actualidad se suele referir a este
en múltiples ámbitos entre los que se destaca la empresa, la religión, la cultura, la
política, entre otros (Contreras, 2013), por lo que la diplomacia no es la excepción. Dicho
esto, en el marco del presente artículo se entiende como estrategia una serie de acciones
realizadas por un agente de la diplomacia para el cumplimiento de los objetivos de política
exterior de un Estado. Dicha acepción toma como referentes a Cull (2019, 2008) y a
Fjällhed (2020).
En este contexto, la desinformación como estrategia de la diplomacia tiene como finalidad
la difusión deliberada de información falsa con el objetivo de desequilibrar a gobiernos
extranjeros mediante la confusión y engaño de sus ciudadanos (Gerrits, 2018; Lazer et
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al., 2018), por lo que el emisor del mensaje busca beneficiarse del desacuerdo social
generado, el cambio de políticas estatales, así como aumentar su presencia internacional
y cumplir sus objetivos de política exterior (Cull, 2016).
Si bien, se podría pensar que la desinformación es usada de manera reciente por parte
de los estados como estrategia de la diplomacia, esta se remonta a finales de la primera
guerra mundial, donde se buscó por medio de esta, influir en el posicionamiento del
sistema político y económico del capitalismo y socialismo en múltiples naciones (Gerrits,
2018). Esta primera etapa de la desinformación que se podría denominar “antes de la
internet”, se caracterizó por hacer uso de canales tradicionales como la televisión, radio,
prensa, volantes, etc. Sin embargo, como resultado de la evolución de la estrategia esta
se ha incorporado a la internet y las redes sociales, lo que ha significado un aumento en
su potencial, dando como origen a la era de la “digitalización” de la desinformación. Este
cambio de canales se deriva de los mecanismos que poseen las redes sociales, y, que
permiten amplificar el mensaje tales como los bots, troles, cámaras de eco, alcance
orgánico y pago, etc., que dan como resultado una mayor exposición de la ciudadanía a
la desinformación (Bjola, 2018).
En este contexto, el estudio de la desinformación como estrategia de la diplomacia en
redes sociales ha cobrado interés en los últimos os, tanto por los gobiernos y la
comunidad académica. Así, los estudios se han concentrado en el análisis de casos
buscando la comprensión del uso de dicha estrategia y sus consecuencias, especialmente
de las estrategias implementadas por Rusia y China (ej.: La Cour, 2020; Lupion, 2018;
Kania y Costello 2018), dada a sus difíciles relaciones con los países occidentales. Así
dichos estudios han dejado en evidencia las capacidades de interferir en los procesos
democráticos como las elecciones y los poderes del estado (La Cour, 2020; Bayer et al.,
2019); la polarización de la opinión de los ciudadanos por medio de la exacerbación de
los pensamientos radicales y supremacistas (Faris et al., 2017); y la pérdida de
credibilidad de los medios de comunicación (Bennett y Livingston, 2018).
Pese a los avances, se reconoce la dificultad que se presenta en el análisis de esta
estrategia de la diplomacia, y que ha limitado el campo de acción de los investigadores
a la identificación de casos de estudio, debido a lo difícil que resulta rastrear el origen de
la desinformación, lo que imposibilita el factor de atribución y estudio desde el origen del
mensaje (Gerrits, 2018). Por lo que, es necesario explorar otros aspectos de esta
estrategia tales como la propagación de la desinformación partiendo de la teoría existente
y de esta forma aclarar otros aspectos no abordados.
Metodología
Objetivos del estudio
Para dar cumplimiento al objetivo del presente estudio el cual es analizar la propagación
de la desinformación como estrategia diplomática en las redes sociales se plantearon los
siguientes objetivos específicos:
1. Identificar cuáles son los actores y mecanismos que intervienen en esta estrategia de
la diplomacia en redes sociales.
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2. Establecer cómo se relacionan dichos actores y mecanismos para la propagación de la
desinformación en las redes sociales como estrategia de la diplomacia.
3. Plantear un modelo de bucles causales que dé cuenta cómo opera esta estrategia de
la diplomacia.
Métodos y enfoques
Para dar cumplimiento al objetivo y objetivos específicos propuestos, se optó por un
enfoque de carácter multidisciplinar, el cual abarcó los estudios diplomáticos y la teoría
de la estrategia. Así, por el lado de los estudios diplomáticos, se tuvo como referentes
principales a Der Derian (1987), Murray (2008) y Sharp (2009), mientras que en el caso
de la teoría estratégica Chamberlain (2010). Dichos referentes teóricos tienen como
intercepto la diplomacia, la política y los conflictos, por lo que el abordaje de la
desinformación en redes sociales se consideró acorde para ambas corrientes teóricas.
Ahora bien, para unificar las perspectivas de los enfoques anteriormente mencionado se
hizo uso del pensamiento sistémico dado el potencial que tiene este tipo de modelado
para el establecimiento de las causas y retroalimentación de los fenómenos a partir de
los elementos que componen un sistema (Richmond, 2001), lo que permite comprender
por completo su comportamiento partiendo de la delimitación conceptual y
aproximaciones realizadas por el modelador. Así, se utilizó como método para el
modelado el diagrama de bucles causales (CLD).
Bajo este contexto, el estudio desarrollado siguió un enfoque cualitativo, iniciando por la
revisión de la literatura, con la cual se buscó identificar los elementos y relaciones
existentes entre los elementos del sistema que componen la estrategia de desinformación
en redes sociales desde la diplomacia, por lo que se rastrearon investigaciones previas
del campo de las relaciones internacionales, que permitieron entender cómo se propaga
la desinformación, siendo esta la base para el desarrollo del modelo. En este sentido,
para dicha revisión se utilizó un enfoque integrador con el fin de sintetizar la literatura
sobre el tema objeto de estudio (Torraco, 2005).
La decisión del uso de este tipo de revisión surgió por el mismo tema de investigación,
el cual es emergente, y, que rompe los esquemas tradicionales del estudio de la
diplomacia y redes sociales. Así, Snyder (2019) destaca el rol de este tipo de revisión de
la literatura en el desarrollo de modelos teóricos iniciales o preliminares, en vez de revisar
modelos antiguos, y donde no se busca una revisión exhaustiva de los estudios previos,
sino la combinación de perspectivas para la construcción de una nueva. Si bien, esta no
requiere de un proceso específico como las revisiones sistematizadas (Torraco, 2005),
para su ejecución se siguió las siguientes fases:
1. Se reali la búsqueda de los artículos en SCOPUS y WOS, así como en Google
Académico, para lo que se hizo uso de palabras claves como desinformación, redes
sociales, diplomacia, relaciones internacionales, noticias falsas, casos de estudio,
entre otros; realizándose esta fase tanto en español como en inglés.
2. Con los documentos encontrados se procedió a la identificación de los elementos que
intervienen en la desinformación y la relación existente entre estos.
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3. Con los hallazgos se procedió a una síntesis de la información encontrada, haciendo
uso del método inductivo y de tablas de referenciación en las que se ubicó información
tales como el objetivo, la metodología usada, los principales hallazgos, los actores de
la diplomacia, etc.
Ahora bien, respecto al desarrollo del CLD, se tomaron los hallazgos de la revisión de la
literatura, estableciendo de esta forma los bucles de realimentación y balance del sistema
de desinformación como estrategia de la diplomacia. Para lo cual se ejecutó el
procedimiento establecido por Richardson y Pugh (1981) además de Kim (1992). Esto se
sintetiza a continuación.
1. Se realizó la asignación de nombres de las variables (elementos), las posibles
relaciones entre estos y su direccionalidad.
2. Se determinó los posibles efectos adversos de la creación de las relaciones en el CLD.
3. Se clasificaron los bucles causales, conforme a su naturaleza, ya fuese de
realimentación (R) o Balance (B).
4. Se revisaron los bucles creados para que fuesen los más específicos posibles.
Por último, el trabajo computacional respecto al modelo se desarrolló en el Software
Stella Architect en su versión 1.9.5.
Resultados
A la luz de los avances de estudios previos, los modelos de la propagación de la
desinformación se han centrado en otras áreas del conocimiento no relacionados
directamente con la diplomacia, por lo que la construcción de estos carece de algunos
elementos que son incorporados en el uso de esta estrategia por parte de los gobiernos,
lo cual hace que varíe el comportamiento general del sistema de propagación, esto se ve
representado en la figura 1, en los bucles de realimentación y de balance definidos.
Dicho esto, es necesario recordar que la desinformación es de carácter intencional
(Gerrits, 2018), por lo que su uso desde la diplomacia se encuentra planificada, lo que
conlleva a que exista el desarrollo de una estrategia que permita maximizar los efectos
del mensaje (Vosoughi et al., 2018). Así, las cuentas creadas en redes sociales por las
agencias de los gobiernos buscan atraer a la mayor cantidad de población objetivo
(Hollenbaugh y Ferris, 2014) por lo que se valen del alcance orgánico, pago y por
invitación para atraer a la mayor cantidad de público y convertirlo en población
susceptible de desinformación (PS) (B1) (Buchanan y Benson, 2019), quienes serán las
personas que visualizarán la desinformación e interactuarán con esta. En este sentido,
se reconoce que el alcance orgánico de las cuentas desinformadoras disminuiconforme
aumenta la población susceptible (B2).
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Figura 1. Diagrama de bucles causales de la desinformación como estrategia de la diplomacia.
Fuente: elaboración propria
Con la vinculación de la PS a las cuentas de redes sociales del agente desinformador, se
procede a la propagación de la desinformación mediante el uso del alcance orgánico
(Buchanan y Benson, 2019), alcance pago (Helmus et al., 2018), bots (Helmus et al.,
2018; Office of the Director of National Intelligence, 2017) y troles (Starbird, 2019), con
el objetivo de exponer de manera sistemática a la PS al mensaje, y, de esta forma
consolidar la población desinformada (PD) (B3). Esto se ve sintetizado en las
visualizaciones del mensaje, para finalmente disminuir la población susceptible de
desinformación. Dado lo anterior, la incorporación del alcance orgánico y pago es
derivado de las dinámicas de la red social, especialmente del algoritmo, puesto que a
través de estos elementos se puede mostrar el mensaje bajo las condiciones de uso del
canal de comunicación, sin embargo, a medida que crece el número de personas
desinformadas el efecto del alcance orgánico será menor (B4). Mientras que, los bots y
los troles son usados para amplificar el mensaje fuera de las condiciones de la plataforma.
Estos dos elementos fueron incorporados en la interferencia rusa de las elecciones de los
Estados Unidos de América, donde se usaron para amplificar el mensaje desinformador
(Helmus et al., 2018). En coherencia con lo anterior, y desde una visión más holística
del caso de las elecciones norteamericanas, se detectó como el grupo IRA (perteneciente
a una agencia rusa) tuvo como público de desinformación a las poblaciones
afroamericanas, en la cual luego de consolidar la PS se procedió al pago de contenido
desinformador (representando el 66% de la actividad), así como de bots y troles, dando
como resultado la desinformación solo en la red social Facebook 11.200.000 personas
(Office of the Director of National Intelligence, 2017).
Ahora bien, la PD se ve envuelta a una exposición sistemática de desinformación, por lo
que, al interactuar con los diversos mensajes desinformadores, se genera el efecto de